No escribo desde la pose ni desde la urgencia de convencer. Escribo para ordenar ideas, explorar principios y dejar constancia de una forma de entender la vida, el trabajo y el conocimiento.
Soy empresario y trabajo en el sector tecnológico en el Valle del Cauca. Actualmente dirijo Monbu, una empresa de tecnología, donde el trabajo cotidiano —la planificación, la ejecución, la responsabilidad— no es solo un medio económico, sino un ejercicio de formación interior. Concibo el trabajo bien hecho como una disciplina, y la empresa como un espacio donde la acción puede adquirir sentido trascendente.
Mis intereses se concentran en la ciencia, la tecnología y el conocimiento como herramientas civilizatorias. No los entiendo como fines absolutos, sino como medios que permiten al ser humano elevar sus condiciones materiales y crear el espacio necesario para algo más alto: la reflexión, la virtud y la búsqueda de la verdad.
Concibo la vida en la tierra como un pasaje ritual. No como un destino final, sino como una etapa de preparación. Todo esfuerzo, toda prueba y toda conquista tienen valor en la medida en que contribuyen a la autotrascendencia y a la unión con lo divino.
Mi aproximación a la espiritualidad no es estética ni recreativa. Me interesa el yoga como filosofía universal, especialmente en sus cuatro vías clásicas: Karma Yoga, Bhakti Yoga, Jñāna Yoga y Raja Yoga. Entre ellas, el Karma Yoga ocupa un lugar central por ser una vía particularmente accesible al hombre moderno: la espiritualización de la acción y del trabajo.
Desde esta perspectiva, el trabajo no es una distracción de lo espiritual, sino una de sus formas más exigentes. El servicio, la responsabilidad y la entrega consciente convierten la acción cotidiana en una práctica interior. En este sentido, la conquista material no es un fin último, sino un medio. El capital, la empresa y la organización son herramientas: útiles, necesarias y siempre subordinadas a un propósito superior.
Concibo los sistemas económicos —entre ellos el capitalismo— como tecnologías sociales. No como salvación ni como dogma, sino como instrumentos que, bien orientados, permiten crear orden, abundancia y margen para el desarrollo humano. La riqueza, cuando se absolutiza, encadena; cuando se ordena, libera tiempo, energía y responsabilidad.
Todo lo que hago —el trabajo, el estudio, la escritura— responde a un mismo impulso: la liberación interior. Trabajo para mejorar las condiciones de vida, no para reposar en la ilusión material, sino para trascenderla. La finalidad no es la acumulación, sino la claridad; no el éxito, sino la autotrascendencia.
Este sitio existe como un espacio de pensamiento y de archivo. No busca adhesión ni aprobación inmediata. Está abierto a quien lea con calma y busque, más allá de la superficie, un diálogo honesto entre acción, conocimiento y espíritu.
La libertad es un principio central en esta búsqueda. La considero indispensable para el progreso personal y social. Como expresa el capitán Kirk en Star Trek: The Original Series: «Sin libertad de elección no hay creatividad, y sin creatividad no hay vida».
No busco discutir ni imponer ideas. Solo busco una forma libre de expresarme y, en ese ejercicio de la libre expresión, liberarme.